Cargas no compartibles

ESCRITO POR JULIE | COME AWAKE WRITING TEAM
TRADUCIDO POR EMILY R. KNOTT


Llevar una carga que no se puede compartir genera la soledad más grande del mundo. Es aislante verte rodeado de gente y pensar que ni una sola persona sería capaz de comprender plenamente la cruz que se te ha pedido llevar, y que nadie sería capaz de amarte si supiera los pensamientos que desfilan por tu mente cuando te descuidas.

Existen muchos ejemplos en la Palabra de Dios de personas que fueron llamadas a pasar por esta vida llevando cargas que nadie podía compartir, pero ninguna destaca tanto para mí como el profeta Jeremías.

Dios escogió a este hombre tímido e inseguro para advertir a una nación de un juicio divino inminente sobre su pecado. Crearía enemigos entre gente poderosa y jamás sería bien recibido donde Dios le destinaba. Además, Dios le puso otra carga a Jeremías: jamás se casaría ni tendría hijos.

A Jeremías no se le permitió conocer el compañerismo, el consuelo ni los gozos del matrimonio. Ni siquiera pudo disfrutar de amistades con la gente que le rodeaba porque Dios quería que su vida solitaria sirviese de ilustración a la nación de lo que pronto le pasaría a ella.

Dios le dio a Jeremías una misión increíblemente difícil, y duró más de cuarenta años, durante los que empeoró exponencialmente. Me resulta reconfortante  observar que Jeremías era desesperadamente humano y que luchaba con su misión incluso aun cuando no cabía duda de que era la voluntad del Señor. En el capítulo 1 de Jeremías, vemos a Dios ratificando su propósito.

Antes que yo te formara en el seno materno, te conocí,
y antes que nacieras, te consagré,
te puse por profeta a las naciones.
Entonces dije: ¡Ah, Señor Dios
He aquí, no sé hablar,
porque soy joven.
Pero el Señor me dijo:
No digas: “Soy joven”,
porque adondequiera que te envíe, irás,
y todo lo que te mande, dirás.
No tengas temor ante ellos,
porque contigo estoy para librarte —declara el Señor.
Entonces extendió el Señor su mano y tocó mi boca. 

Y el Señor me dijo:He aquí, he puesto mis palabras en tu boca.
Mira, hoy te he dado autoridad sobre las naciones y sobre los reinos,
para arrancar y para derribar,
para destruir y para derrocar,
para edificar y para plantar. | Jeremías 1:5-10, LBLA

Aunque Jeremías sabía que Dios tenía un plan especial para él, durante el curso de su vida luchó para llevar su carga no compartible. Se sintió frustrado, atemorizado, confuso y deprimido.

Amigos, hay tanto que cosechar en las pruebas de las cargas no compartibles en nuestras vidas. Si nos acercamos al Señor en estos momentos, Él se acercará a nosotros. Nos mostrará su corazón y se revelará en maneras que jamás seríamos capaz de apreciar si pudiésemos llevar las cargas por nuestras propias fuerzas. En los momentos que nos toca esperar y clamar a Dios, Él está más cerca de nosotros que nadie – ¡beneficio que sería suficiente aunque fuese el único!

Mientras nuestras almas esperan al Señor, Él nos prepara para recibir mensajes secretos directamente de su corazón. La espera puede ser difícil y solitaria, ¡pero persevera con fe! Él es el Autor de tu historia, y Él es bueno. Te observa con cariño y amor, y aunque nadie más en esta tierra comprenda lo que estás pasando, Dios lo sabe y tiene un propósito en todo ello.

Recuerda siempre: es imposible llevar una cruz en compañía. Aunque un hombre se viera rodeado de una gran multitud, su cruz es solamente suya, y llevarla le señala como un hombre apartado. La sociedad le repudia; de otra forma no tendría cruz alguna. Nadie es amigo del hombre con una cruz. |A. W. Tozer

Quizá te estés hundiendo bajo el peso de la cruz que has sido llamado a llevar; pero Dios nos ha dado a todos libre albedrío y podemos escoger someternos a su plan, recordando que Él llevará todo a cabo para su gloria y nuestro bien. Toma un tiempo para enumerar tus bendiciones en medio de estos momentos difíciles y recuerda su fidelidad contigo a través de los años.

Quizá te sientas solo, pero te rodean tus hermanos y hermanas que también llevan sus cruces. No abandones la vida por estar sufriendo; permite que tu sufrimiento haga que simpatices con los que tienes cerca. Estimúlales, aliéntales a perseverar en la fe.

Me pregunto si podremos mirar atrás hacia nuestras vidas terrenales una vez que llegemos a nuestro hogar eterno. Estoy seguro de que cuando veamos cómo encajan los detalles de nuestras vidas en la gran historia de Dios, apreciaremos el privilegio que tuvimos al llevar nuestras cruces individuales. Miremos hacia aquel día en vez de obsesionarnos con el hoy. Será el día en que, después de haber perseverado, escucharemos decir a Aquel que nos ama: “¡Bien, siervo bueno y fiel!”

Todo habrá merecido la pena en ese momento.


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