Historia eclesial 1.1 | Cristo: el centro

ESCRITO POR JOEL SAM Come Awake Writing Team
TRADUCIDO POR EMILY KNOTT

Cualquier estudio de la historia cristiana sería intrascendente si no diera especial atención a la vida y los tiempos de su figura central:

YESHUA BAR-JOSÉ, O
JESÚS: EL CRISTO.

Ningún otro personaje de la historia ha sido sometido a tanta crítica, veneración, misterio y asombro. Hay académicos modernos (aunque son minoría) que llegan a dudar de su misma existencia, alegando que el Jesús de los evangelios es un personaje ficticio creado para propagar una nueva y radical versión del judaísmo, en respuesta al liderazgo legalista y políticamente motivado del judaísmo de finales de ese siglo. Sin embargo, otros afirman que estos relatos forman una documentación meticulosa de la intersección milagrosa de lo divino y su creación en la forma del Dios-hombre, enviado para salvar a la humanidad de sus pecados.

Demostrar la veracidad de una perspectiva frente a la otra estaría fuera del ámbito de este artículo; mas bien me gustaría centrarme en comprender el contexto histórico de Jesús que tan frecuentemente se pasa por alto por quienes estudian exclusivamente los textos del Nuevo Testamento.

JESÚS SEGÚN LA HISTORIA

Asignar fechas históricas exactas al nacimiento, el ministerio y la muerte de Jesús puede ser un desafío, principalmente porque las referencias cronológicas de los autores de los evangelios pueden ser complicadas de armonizar con las referencias extrabíblicas de los mismos eventos. En general, la mayoría de los académicos sitúan la vida de Jesús de 6-4 a.C. a 30 d.C.

La fuente antigua más citada para demostrar la historicidad de Jesús es Antigüedades judías, escrito hacia 93 d.C. por Flavio Josefo, académico judío y romano. Parte de su texto reza así (aunque su validez está sujeta a fuerte debate):

Apareció en este tiempo Jesús, un hombre sabio, si en verdad se le puede llamar hombre. Fue autor de hechos sorprenden­tes; maestro de personas que reciben la verdad con placer. Muchos, tanto judíos como griegos, le siguieron. Este era el Cristo (el Mesías). | Flavio Josefo: Antigüedades de los judíos, 18, 3

Es probable que Josefo reconociera la importancia del ministerio de Jesús, pero lo más seguro es que la afirmación mesiánica fuese añadida por otro autor más tarde. Sin embargo, es significativo que alguien no cristiano hiciera referencia a Jesús, validando su lugar en la historia.

Otro documento de un historiador romano, Suetonio, menciona la persecución de los cristianos judíos por Claudio César en Roma hacia 50 d.C. Esto concuerda con Hechos 18:2.

(Claudio) expulsó de Roma a los judíos, que provocaban alborotos continuamente a instigación de Cresto. | Suetonio: Vida de los Césares. Claudius, 25, 4

Tácito, académico romano, escribió en 115 d.C. acerca de la tenacidad del movimiento cristiano en Roma. Aunque condenó el movimiento, corroboró el relato de los evangelios del juicio ante Poncio Pilato.

JESÚS SEGÚN SUS SEGUIDORES

Las fuentes cristianas referentes a Jesús siguieron una evolución de tres etapas: (1) la comunicación oral entre testigos oculares y la siguiente generación de creyentes, (2) la comunicación escrita entre los creyentes del primer siglo (p. ej., las epístolas de Pablo) empezando hacia 65 d.C., y (3) los relatos de la vida de Jesús (los evangelios), constituidos por testimonios presenciales y de segunda mano, escritos hacia 65-90 d.C. (durante la era apostólica).

Desde un punto de vista histórico, el desarrollo de los evangelios puede ser difícil de localizar. Hasta un lector ocasional puede observer que Mateo, Marcos y Lucas tienen muchos parecidos, incluso pasajes copiados textualmente. Es por esto que esos tres evangelios a menudo se llaman los Evangelios Sinópticos (sinóptico significa “ver junto” en griego). En general los académicos convienen en que Marcos fue el primero en escribir su evangelio, y que Mateo y Lucas ampliaron su relato. Otra teoría es que Mateo y Lucas también recibieron de otro relato evangelista que se perdió, llamado “Q” (de la palabra alemana quelle, o fuente).

El evangelio de Juan es significativamente diferente de los otros en su estilo, los eventos que describe, la cronología y el propósito. Juan escribe “para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que al creer, tengáis vida en su nombre” (Juan 20:31), mientras que se supone que los otros evangelios se escribieron más para documentar los eventos.

La retórica de Juan en 1 Juan es muy paralela al contexto de los sermones de Jesús relatados exclusivamente por Juan, indicando que Juan podría haberse centrado en aspectos específicos del mensaje de Jesús menos enfatizados por otros escritores, como el amor (Juan 13:34-35) y la tensión constante entre el Espíritu y la carne (Juan 3:5). Juan escribió bastante más tarde que los otros evangelistas, y su narrativa tiene un diseño mucho más teológico que histórico. Los intentos de armonizar los evangelios acostumbran utilizar principalmente a Mateo o a Lucas para la secuencia correcta de los eventos, mientras que la descripción que hace Juan de los eventos presta menos atención a la cronología, hecho que puede ser desconcertante para el lector occidental post-siglo de las luces.

Ya que los relatos de los evangelios se escribieron una generación después de la muerte de Jesús, su precisión se pone en tela de juicio. Sin embargo, como los testigos oculares seguían vivos durante la divulgación de los evangelios, y algunos de esos testigos fueron retratados en situaciones bastante embarazosas (el intento de Jacobo y Juan de trepar en el reino de Jesús, la negación de Pedro, la duda de Tomás), es poco probable que semejantes descripciones de los líderes cristianos ganaran muchos seguidores si no fuesen relatos generalmente fiables.

¿QUÉ SABEMOS?

Desafortunadamente, no podemos demostrar definitivamente lo que ocurrió en Palestina entre los años 6 a.C. y 30 d. C. Los académicos seguirán debatiendo la historicidad de los evangelios, y el respaldo extrabíblico para la naturaleza milagrosa de la existencia de Jesús es contado. Sin embargo, lo indiscutible es que los evangelios han transformado vidas a lo largo de dos mil años – algo que merece nuestra atención.

REFERENCIAS

Church History in Plain Language, Bruce L. Shelley
History of Jesus Christ
Historical Background of the New Testament


 

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