Un listón demasiado alto (I)

Escrito por Priyanka| Come Awake Writing Team
Traducido por BENJAMÍN D. KNOTT

¿Hay alguien en tu vida que te decepciona continuamente? ¿Esperas que a la próxima vez actúen de forma diferente, o que finalmente hagan bien las cosas? ¿Te preguntas cuándo es que van a cambiar, o qué es lo que logrará que cambien?

¿Qué pasaría si nos dieran la vuelta a la tabla? 

¿Alcanzarías a satisfacer las expectaciones que otros tienen de ti? ¿Te quedarías corto? ¿El listón estaría tan alto que jamás podrías alcanzarlo?

A menudo exigimos muy altos estándares de nuestros amigos, seres queridos, y personas no tan queridas. Exigimos que las personas que nos rodean reúnan ciertos requisitos. Nuestros hermanos y hermanas tienen que compartir con nosotros – comida, ropa, dinero. Nuestros padres tienen que ser ultra pacientes y gentiles con nosotros, porque así es como deben de comportarse los padres. Nuestros amigos deben ser generosos y desinteresados, pensando siempre en nosotros primero, no en ellos mismos. Incluso cualquier desconocido que se cruza con nosotros debe sonreír, de lo contrario, inmediatamente les colgamos el nombre de “maleducado” – y la persona en el carril contiguo está obligado a cedernos el paso, porque sino lo hacen, obviamente tiene un problema de carácter muy serio.

El listón está demasiado alto.
La perfección está fuera del alcance.
Ser bueno nunca será suficientemente bueno.

Cuando nos quitamos las lentes de lo eterno y nos ponemos las lentes de lo terrenal y pasajero, llega la decepción y una larga lista de otras cualidades realmente feas – rencor, resentimiento y condena. Contrariamente, cuando vemos el mundo a través de los ojos de Jesús, nuestro único deseo para otros es que sus corazones le aceptaran a Él como Salvador, que se sometieran a Él como Señor y Le siguieran incondicional y apasionadamente. Si miráramos a las personas en nuestras vidas con amor, el amor de Cristo, no estaríamos obsesionados con hacerles encajar en el molde de nuestras expectaciones, sino que estaríamos preocupándonos por amarles y aceptarles donde están.

No puedo evitar pensar en lo que pasaría si se nos diera la vuelta a la tabla. ¿Qué pasaría si Cristo me impusiera un listón? Sin lugar a duda no lo podría alcanzar. Sería infinitamente demasiado alto. Ni siquiera habría llegado cerca. Menos mal que Él nunca hizo semejante cosa. Menos mal que el amor no es así. El amor no pone un listón que tenemos que superar. Es sin condiciones, sin expectaciones.

Baja el listón, como lo hizo Cristo, y decide amar de la misma manera que Él.

Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios, y todo el que ama es nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor de Dios en nosotros: en que Dios ha enviado a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de El. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos amó a nosotros y envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios así nos amó, también nosotros debemos amarnos unos a otros.A Dios nadie le ha visto jamás. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor se perfecciona en nosotros. | 1 Juan 4:7-12 (LBLA)


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