Palabras Poderosas

Escrito por Becky | Come Awake Writing Team
Traducido por Emily R. Knott

Voy a ser honesta. Hay mucho en el libro de Proverbios que no entiendo – analogías y referencias a cosas que ya no se utilizan/dicen/hacen. Esto supone mucha confusión y mucha investigación. Aun así (afortunadamente), también hay mucho que sí entiendo. Al estudiar este libro de sabiduría, me he estado dando cuenta de lo mucho que ofrece – ¡incluso en las referencias arcaicas!

La comunicación es un área importante en el que necesitamos sabiduría. ¿Cómo empleamos las palabras? ¿Con qué propósitos? Y no, no me refiero al “propósito” de intercambiar información. ¿Cuáles son las motivaciones de nuestras palabras? ¿Qué esperamos conseguir con ellas? ¿Cuándo debemos utilizarlas – y cuándo no? ¿Dónde podemos siquiera empezar a encontrar respuestas a estas preguntas? Quizá éste sea un buen lugar para empezar:

En la lengua hay poder de vida y muerte; quienes la aman comerán de su fruto. | Proverbios 18:21

¿Creemos estas palabras? Si creemos la Palabra de Dios, sabemos que estas palabras son ciertas. Pero ¿las vivimos? ¿Vivimos como si creyésemos que “en la lengua hay poder de vida y muerte?”

Lo más seguro es que no.

A menudo no vemos el poder de nuestras palabras, y esa es la causa de mucho dolor en el mundo. Decimos lo que no deberíamos; no decimos lo que deberíamos. Hablamos cuando deberíamos guardar silencio; guardamos silencio cuando deberíamos hablar. Reunimos palabras en medio de nuestro enojo, frustración o dolor, y después con muchísimo tacto organizamos un ataque en el momento más “oportuno” – en otras palabras, el momento preciso para infligir el máximo daño.

Empleamos nuestras palabras
primero como tronos autoestablecidos,
segundo como espadas, y tercero como escudos.

Con mucha menos frecuencia las empleamos para sanar,  consolar, perdonar, amar, o mostrar gracia. Por supuesto, tenemos nuestros momentos cristianos cliché, cuando utilizamos las palabras para bien. Pero incluso en esos momentos, ¿nuestras motivaciones son puras? ¿Altruistas? ¿Sinceras? Comparada con la frecuencia con la que usamos las palabras para ganancia egoísta, la frecuencia con la que las usamos para bien casi no merece mención.

Quizá el problema es que vemos las palabras como herramientas para beneficio propio.

Desde luego, las palabras facilitan la vida. Dada nuestra moderna adicción a la autoexpresión, la ausencia del lenguaje y la comunicación convertiría la vida en algo casi insoportable. Pero ¿y si la razón por la que nos dio Dios las palabras se centrase menos en nosotros y más en Él? ¿Y si las palabras fuesen su bendición para nosotros, una herramienta que encomienda a nuestros corazones, mentes y bocas para SUS propósitos, SU servicio, y SU gloria?

No creo que Dios nos diera las palabras solamente para satisfacer nuestra necesidad de comunicarnos. Creo que tiene un propósito más grande para las palabras con las que nos ha bendecido.

UN PROPÓSITO QUE SE CENTRA EN ÉL.

Sé que suena un poco alocado y extravagante… pero creo que suena así solo por ser tan contrario a lo que conocemos, a lo que hemos sido enseñados.

La sociedad nos anima a emplear nuestras palabras astutamente, sagazmente, manipulativamente, engañosamente. El mundo nos dice que seamos imprecisos cuando nos beneficie, y que hablemos con claridad cuando nos honre. La cultura contemporánea nos enseña que las palabras no importan – salvo cuando sí importan. ¿Dónde nos deja eso como creyentes?

Nos deja confusos y desgarrados entre la opción de conformarnos al mundo y la de ser los últimos en el mundo.

Jesús dijo: En verdad os digo: No hay nadie que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos o tierras por causa de mí y por causa del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo: casas, y hermanos, y hermanas, y madres, e hijos, y tierras junto con persecuciones; y en el siglo venidero, la vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos, y los últimos, primeros.Marcos 10:29-31

SI SER EL ÚLTIMO EN ESTA VIDA
SIGNIFICA SER PRIMERO EN LA PRÓXIMA,
ME APUNTO.

Si somos cuidadosos con nuestras palabras por causa de Cristo y del evangelio, si estamos atentos y nos amoldamos a como Dios quiere que utilicemos esta herramienta, ¿no seremos bendecidos en Cristo?

Si el humillarme para emplear mis palabras para el beneficio de otros significa ser considerada como necia en este mundo, está bien. Estoy deseosa de compartir la humildad de Cristo (Filipenses 2:5-11). Si el privarme de hablar con enojo y frustración me coloca en posición de ser “atropellada” por la gente, está bien. Estoy deseosa de compartir los sufrimientos de Cristo (Filipenses 3:7-14).

Cada vez que abramos nuestras bocas, cada vez que escribamos nuestras palabras, cada vez que cantemos una canción, blandimos un poder otorgado por Dios. La pregunta es:

¿BLANDIMOS EL PODER
DE LA VIDA O DE LA MUERTE?

Haga clic aquí para ver el artículo original en inglés.
Click here to view the original article in English.

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