¿Qué fue de Jonás?

ESCRITO POR JENIE | COME AWAKE WRITING TEAM
TRADUCIDO POR EMILY R. KNOTT

Jonás se fue con paso airado
A su asiento sombreado
Y esperó a que Dios se dejara convencer
Por su forma de pensar.
Y Dios sigue esperando
A que un sinfín de Jonáses
En sus cómodos hogares se dejen convencer
Por su forma de amar.
– Thomas Carlisle

¿Te has preguntado alguna vez qué fue de Jonás? El libro de Jonás deja claro que Dios consiguió su objetivo con los ninivitas, pero ¿qué crees que pasó con Jonás? Para quienes no estén familiarizados con la historia, Jonás era un israelita que recibió un llamado claro de Dios para ir a avisar a la ciudad de Nínive de que venía un juicio sobre ellos a menos que se arrepintiesen. En lugar de obedecer, Jonás creyó que podría huir de Dios e ignorar su llamado. Dios respondió a Jonás enviándole una gran tempestad y finalmente encargando a un gran pez que se lo tragara. Durante esos momentos en el estómago del pez, Jonás rogó a Dios que le rescatara, y Dios oyó su clamor e hizo que el pez le escupiera. Dios entonces volvió a decirle que fuera a la tierra de Nínive y predicara allí las buenas nuevas del verdadero Rey, llamando a todos al arrepentimiento. Jonás obedeció, el pueblo se arrepintió y creyó en Dios, y Dios escogió no castigarlo conforme a su intención original. Un gran final ¿no? Bueno, lo sería, solo que el libro no termina allí.

Pero esto disgustó mucho a Jonás, y le hizo enfurecerse. Así que oró al Señor de esta manera:
—¡Oh Señor! ¿No era esto lo que yo decía cuando todavía estaba en mi tierra? Por eso me anticipé a huir a Tarsis, pues bien sabía que tú eres un Dios bondadoso y compasivo, lento para la ira y lleno de amor, que cambias de parecer y no destruyes. 
Jonás 4:1-2 (CST)

Poco después de su predicación, la Biblia dice que Jonás estaba amargado y enojado porque Dios había tenido misericordia de un grupo de gentiles.

Jonás fue llamado a atender a un grupo de pecadores, igual que somos llamados a hacer los cristianos, pero la Biblia dice que su corazón no iba en ello. ¿Te lo puedes imaginar? El mismo hombre que solo unos días antes había rogado a Dios que le conservara la vida, ahora le pedía que se la quitara. Nosotros también somos llamados a salir y ser misioneros en un mundo perdido y sufriente. Hay esperanza para la gente del mundo, pero si no actuamos puede que algunos jamás se arrepientan y se vuelvan a Jesucristo para salvación. Recae sobre nosotros la responsabilidad de ir y predicar las buenas nuevas por el mundo igual que a Jonás la responsabilidad de ir a Nínive. Dios jamás nos forzará a llevar a cabo su gran comisión, pero si obedecemos, quiere que volquemos todo nuestro corazón en la misión.

El corazón de Jonás no estaba en su misión, por lo que fue incapaz de regocijarse ante la salvación de cientos de almas. Servimos a un Dios que ama tanto al mundo que envió a su único Hijo para morir en la cruz a fin de que pudiésemos vivir. ¿Hasta cuándo guardaremos silencio? ¿Hasta cuando huiremos, como Jonás, de nuestro verdadero llamado a salir por el mundo predicando el evangelio? Jonás era el prototipo del creyente que (como muchos de nosotros) quiere los beneficios de ser un hijo de Dios pero no las responsabilidades que conlleva. Nuestra responsabilidad como creyentes es actuar conforme a la Palabra y llevar el mensaje hasta el último rincón del mundo.

Por tanto, id y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,  enseñándoles a obedecer todo lo que os he mandado. Mateo 28:19-20 (CST)

En el desenlace del libro de Jonás, Dios le da una lección respecto a su actitud negativa, pero no sabemos qué ocurrió finalmente con Jonás. ¿Llegó a comprender y aceptar la naturaleza amante de Dios, o se maceró en su propio egoísmo, esperando a que Dios se dejara convencer por su forma de pensar? Es hora de que dejemos de portarnos como Jonás: salgamos de nuestra zona de confort y nos dejemos “convencer por su forma de amar”. Es hora de examinar nuestros corazones y dedicarnos cien por cien a servirle – predicando sus buenas nuevas a quienes nos rodean. Si realmente creemos las promesas de Dios, haremos lo que haga falta para asegurarnos de que el mundo que nos rodea llegue a experimentar ese amor que nosotros disfrutamos cada día.


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